Las clases de música para los jóvenes, algo más que aprender notas y partituras.

Desde niños tenemos contacto con la música, nuestros primeros aprendizajes se dan al ritmo de canciones de cuna y rondas infantiles, ya en el jardín infantil la música se hace imprescindible, con ella aprendemos modales, higiene, colores, formas, etc.

 

Desafortunadamente a medida que se avanza en los cursos de educación, la música se va haciendo menos importante en los procesos de aprendizaje, a tal punto que en grados superiores es totalmente excluida, sin embargo, para los jóvenes la música lo es todo, especialmente hoy en día, donde la tecnología les permite acceder a ella 24 horas al día.

 

Por lo anterior, para los adolescentes, las clases de música se convierten en espacios de socialización, ocupación del tiempo libre y generación de retos. Aprender notas, partituras, canciones, trasciende a otras áreas del ser muy importantes en esta etapa de la vida: disciplina, constancia, aumento de la autoestima, aprender a controlar la timidez o el miedo para hablar en público.

Aprender a tocar un instrumento cambia la apreciación musical, el oído se va desarrollando y se va familiarizando con nuevos sonidos musicales,  esto repercute en la calidad y variedad de música que quieren escuchar los jóvenes.

 

Es importante "volver a examinar el papel de la música en la configuración del desarrollo individual", y como padres, educadores y sociedad en general comprometernos en aumentar la formación musical en el quehacer diario de los jóvenes. 

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